Ilustración: Claudio Cárdenes (Casco).

Primer Lugar

Terminal Pesquero

Mi abuelo me llevaba siempre. El recorrido era el mismo, un tour cuidadosamente diseñado para la familia. Un ceviche, las antigüedades, los lobos y guajaches, exactamente en ese orden. La llegada era temprano, acorde a la rutina de quienes traen del mar lo que pocos y pocas pueden. Gracias a él, de nuestra costa degusté de todo; usted nómbrelo, de seguro lo he probado. Ahora que no está, su recorrido es un mapa viejo que alguna vez supe de memoria; pero su recuerdo me lleva siempre de vuelta para ver una vez más su paisaje, ahí donde descansan los botes.

Bayron Aliste Herrera, 26 años, Antofagasta.

Ilustración: Karen Tapia.

Premio al Talento Infantil

Jardín de papel

En mis sueños de papel tengo un jardín de papel, lleno de flores y langostas de papel. Las orugas de papel se mojan con el agua y se secan al sol, que es de papel. Si las flores son cardenales o claveles, no lo sé, pero me gustaría que también fueran de papel.

Maite Ojeda Olivares, 10 años, Antofagasta.

Ilustración: Claudio Cárdenes (Casco).

Premio al Talento Mayor

Cuculí aventurero

El cuculí del barrio se oculta detrás de la cornisa y deja que los niños recojan piedrecitas. Quiere sorprender a la nana, que siempre lo espera y le escucha. Ahora sí puedes, además de la melodía, cantar tus historias, cuculí, en avenida Rica Aventura. Sales del condominio seguro y guardas tu instrumento. Te extravías con la garuma fiestera, se dan un remojón entre olas y negros vientos. Recordando el alba en la montaña, después de la juerga en las nubes, viejo, vuelves. Ahora tu historia errante y tu canto, aún anciano, como siempre, es esperado.

Tito Pizarro Castro, 81 años, Antofagasta.

Ilustración: Lino.

Premio al Talento Joven / Premio del Público

Mañanas en la Coviefi

Era domingo y María, la heroína de un remoto país, se adentraba en la batalla montada en su Pegaso tornasol. Desenvainaba la espada de diamante, mientras la corona se le tambaleaba en la cabeza, para dar el golpe final a su adversaria. La victoria estaba muy cerca y María escuchaba los cánticos de aliento de su pueblo. Entonces, justo entonces, como un lejano ruido molesto al que no se le encuentra el origen, alguien gritó por un megáfono que el pan amasado estaba a seis por mil.

Antonia Garrote Guerra, 16 años, Antofagasta.

Ilustración: Hombre Hada.

Mención Honrosa

Mar azul, mar cobrizo

El desierto es un mar que no conocía. Antes, mi mundo llegaba más al sur, era plano, y al llegar al límite, el abismo. Un día me aventuré a ir más allá. Y de azul, el mar se tornó cobrizo. Mundo nuevo, pero no redondo como decían, ni se acaba ni se seca, por más agua que le eche. Eso sí, las olas son enormes; en días normales voy de cresta en cresta, de tres mil a cinco mil de altura. Y lo peor es que las mejores pescas están allá, en el fondo de la cima.

Claudio Riveros Román, 51 años, Antofagasta.

Ilustración: Claudio Cárdenas (Casco).

Mención Honrosa

Pan del desierto

Es un día martes, nada especial. Un campamento minero, como lo es Chuquicamata, para algunos es sólo una tierra de obreros; para mí, es algo singular. Muchos niños de mi edad esperan que lleguen sus padres de la mina para poder tomar el té junto a ellos. Yo espero junto a mis hermanos a que lleguen nuestros padres de la pulpería y que traigan el pan del desierto, tan caliente como si estuviera recién sacado del horno, y tan crujiente que las migas se asemejan a los granos de tierra que arropan al desierto ante la pasión del sol.

Fernando Olivarez Egaña, 18 años, Calama.

Ilustración: Lino.

Mención Honrosa

La mar de ropa

Día de verano, con mucho sol. Me pongo lo primero que encuentro, principalmente mis infaltables chalitas, que encontré a $ 500. Cruzo al frente, a un lugar con mucha arena y toldos enormes y me encuentro con la feria de las pulgas. Voy de la mano de mi madre, junto a mi hermano pequeño. En un local nos encontramos con un bulto de ropa. Mi hermano, al verlo, se lanza hacia él. Dice que está en el mar, dirigiendo un barco. Las prendas vuelan, y hay que tener cuidado con tocarlas, pues son tiburones que andan con hambre.

Scarlett Hermosilla García, 20 años, Antofagasta.

Ilustración: Mariela Moyano.

Mención Honrosa

Distopía

Después del colapso, el mundo quedó desierto. En Antofa la vida siguió igual.

Marco Tala Pinto, 34 años, Antofagasta.